En México hubo dos clases de espiritismo: intelectual y popular

por Norma L. Vázquez Alanís



Francisco I. Madero se dio cuenta del capital político del espiritismo y lo aprovechó para su causa, dijo el historiador y ensayista José Mariano Leyva al hablar sobre el espiritismo en México, una corriente que estuvo muy en boga durante el porfiriato y a la cual se adhirió el iniciador de la Revolución para poder comunicarse con su hermano muerto, quien le dijo que debía derrocar al mal gobierno.


El ser declaradamente espiritista, le valió a Madero durante su presidencia ser blanco de las burlas descarnadas de la prensa, sin embargo la corriente a la que pertenecía este político no era la original nacida en Francia, donde Allan Kardec sostuvo que “el espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica”.


Leyva, quien es maestro en Historia por la UNAM e investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, ofreció la conferencia ‘El Espiritismo en México’ dentro del ciclo ‘La biblioteca esotérica de Ernesto de la Peña’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México Carso, donde dijo que estudiar el espiritismo con enfoque académico, es bastante difícil porque se cree que no puede aportar nada al análisis de la historia.


Madero practicaba ese tipo de creencia donde los médiums se comunicaban con los espíritus de los muertos y éstos hablaban o mandaban mensajes escritos -por conducto de los agoreros- para quienes, reunidos en una sesión, los invocaban. Se trataba de un espiritismo popular, producto de una mezcla religiones europeas y prehispánicas.

Pero en el siglo 19 había otra clase de espiritismo en Europa, con reuniones de intelectuales que reflexionaban sobre asuntos filosóficos y sociales; puede decirse que fue heredero del positivismo.


En México en ese tiempo la gente apenas se estaba acostumbrando al laicismo, pues el pilar de la sociedad era la Iglesia católica y eso provocaba una crisis en la población. Fue entonces cuando el espiritismo llegó a México para adecuar el redireccionamiento de la fe a través de un concepto basado en la unidad entre el conocimiento científico y la filosofía, explicó Leyva.


Kardec creía que la única forma de hacer que la gente se convirtiera al espiritismo era utilizando la pedagogía -él era seguidor de Pestalozzi-, por lo que las sesiones espíritas de la escuela Kardeciana que se llevaban a cabo en México eran solamente para la elite, pues les dejaban lecturas y los participantes debían tener cierto grado de cultura para saber de qué se trataba, así como capacidad económica para contar con una biblioteca.


Así, en el siglo 19 los espiritistas en México eran básicamente intelectuales que se reunían para hacerse preguntas sobre diversos tópicos que los conducían a profundas reflexiones filosóficas; no era como en el caso del catecismo católico, que se aprende de memoria. Por ello se desató una lucha frontal entre católicos y espiritistas en el ocaso de ese periodo. Los positivistas mexicanos también los combatieron y las sesiones espíritas internacionales llevadas a cabo en el país y en las que estuvo presente el cubano José Martí, desataron su furia.


Leyva, autor de los libros de ensayos ‘El ocaso de los espíritus’ y ‘El espiritismo en México en el siglo 19’, dijo que, sin embargo, los espiritistas no tenían la idea de un Dios específico y creían ciegamente en la reencarnación, pues según su teoría el ser humano tenía una parte animal y otra espiritual, y si se cultivaba el espíritu, se evolucionaba hacia otros estratos. De manera que no exigían a quienes quisieran ingresar en sus sociedades, que dejaran la religión que profesaban.


Los espiritistas comenzaron a formar en todo el mundo sociedades que se comunicaban entre sí, y a finales del siglo 19 organizaban congresos internacionales; también hubo publicaciones especializadas como ‘La revista espiritista’, de Kardec, quien después publicó el ‘Libro de los espíritus’ y el ‘Libro de los médiums’, los cuales fueron quemados en una pira publica por católicos radicales.


En México apareció ‘La Ilustración espírita’, un diario espiritista fundado por Refugio Indalecio González en 1868, que se mantenía de las suscripciones y casi no tenía anuncios, solamente publicaba noticias de las comunicaciones de los médiums, pues la mayoría de las sesiones en el país eran para que los espíritus se expresaran con mensajes escritos, hablados o por golpes; cuando González murió, su periódico fue decayendo hasta que dejó de imprimirse.


Leyva hizo referencia al hecho de que, como en esa etapa de la historia, en México la mujer estaba restringida al ámbito privado, muchas de ellas comenzaron a reunirse en sesiones espiritistas y discutían sobre sexualidad y libertad, temas que tenían prohibidos, y si eran sorprendidas argumentaban que sólo repetían lo transmitido por los espíritus, pues algunas ya se habían convertido en médiums.


Ya en el siglo 20, el espiritismo empezó a practicarse en el ámbito privado y se acabaron las publicaciones; todavía en la década de los 80 se llevaron a cabo congresos espiritistas, pero hoy día únicamente hay sociedades privadas. Todo ello dificulta su investigación histórica y solo se puede estudiar como una época que fue desapareciendo paulatinamente, concluyó el historiador.


El texto original de este artículo fue publicado por la Agencia Quadratín en la siguiente dirección: https://mexico.quadratin.com.mx/En-Mexico-hubo-dos-clases-de-espiritismo-intelectual-y-popular/

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